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Un simple gesto: colocar pelotas de tenis en tu jardín ayuda a salvar pájaros y erizos este invierno.

Hombre en el jardín coloca pelotas de tenis en el camino de barro frente a una caseta de madera.

Un golpe seco, una mancha borrosa de plumas, y luego el silencio. En la tranquilidad que siguió, se podía oír la caldera zumbando dentro, el leve sonido de una radio, la vida continuando como siempre. En el césped, la huella de un erizo permanecía congelada en el barro, llevando directamente a una rendija estrecha bajo el cobertizo. Un escondite perfecto para el invierno… si el soplador de hojas, las redes del jardín y los trastos de plástico no lo convirtieran en un laberinto mortal.

Esa mañana, mi vecino salió con el bolsillo lleno de pelotas de tenis viejas. Sin raqueta, sin perro. Empezó a encajarlas en rincones extraños de su jardín: en la base de la red, sobre estacas afiladas, en huecos bajo las puertas. Parecía casi ridículo, como un juego de niños. Entonces él dijo, en voz muy baja: «Probablemente estas bolas verdes tontas salvaron a tres pájaros el año pasado».

De repente, ya no parecía nada ridículo.

Por qué una pelota de tenis puede salvar vidas en tu jardín

El invierno es hermoso tras la ventana y brutal a ras de suelo. Los pájaros vuelan más bajo, más débiles, confundidos por reflejos y ráfagas repentinas. Los erizos, medio despiertos de la hibernación, deambulan aturdidos hacia lugares que normalmente evitarían. Tu jardín, con todos sus cables, bordes y trampas, se convierte en una peligrosa carrera de obstáculos.

Una pelota de tenis, colocada en el sitio adecuado, funciona como una señal de stop suave. Bloquea esa estaca afilada como una cuchilla. Rellena un pequeño agujero donde un erizo asustado podría quedarse atascado. Amortigua el impacto contra un poste metálico justo en la trayectoria de un pájaro. Intervención diminuta. Efecto enorme.

Las organizaciones de protección de la fauna ven el resultado cuando falta este gesto sencillo. Solo en el Reino Unido, los centros de rescate registran miles de lesiones relacionadas con jardines cada año: pájaros con alas rotas tras golpear bordes duros, erizos atrapados en redes o atascados en tubos estrechos, animales jóvenes empalados en cañas olvidadas. Rara vez salen en los titulares. Simplemente mueren en silencio en cobertizos y arbustos, a pocos metros de cocinas cálidas y televisores encendidos.

Un voluntario de un centro local de rescate de erizos me contó la historia de una calle sin salida donde tres vecinos empezaron a “suavizar” sus jardines con pelotas de tenis y toallas enrolladas. Ese invierno no encontraron ni un solo erizo enredado en redes. El año anterior habían sido seis. Nada más cambió en su calle. Mismo tiempo, mismo tráfico, mismos depredadores. Solo unos cuantos bordes más blandos.

La lógica es brutalmente simple. Los animales se hacen daño en los puntos donde lo blando choca con lo duro: pico contra vidrio, cráneo contra metal, cuerpo blando contra plástico afilado. Las pelotas de tenis son baratas, llamativas y resistentes. Llaman la atención de las personas, no de los depredadores. Aguantan lluvia, escarcha y barro. Transforman una punta letal en un tope inofensivo, una rendija peligrosa en un “prohibido el paso”.

Desde la perspectiva de un pájaro, ese pelillo amarillo no es más que otro objeto a evitar. Para un erizo, es una barrera que dice “no te cueles por aquí”. Para nosotros, es una forma fácil de reducir riesgos sin rediseñar todo el jardín. Conservas tu valla, tus cañas, tus redes. Solo las haces menos despiadadas.

Cómo colocar pelotas de tenis para proteger pájaros y erizos

Empieza por dar un paseo. No una sesión de jardinería, solo un paseo lento por tu jardín a la altura de un erizo. Arrodíllate. Fíjate dónde sobresalen cosas puntiagudas, dónde los huecos son tentadores, dónde las redes rozan el suelo. Cada sitio que te haga pensar “Ay” o “aquí podría quedarme atascado” es candidato para una pelota de tenis.

Desliza pelotas sobre la parte superior de cañas de bambú, varillas metálicas, tutores de tomate y palos finos. Encájalas en las esquinas bajas de las redes del jardín para que no quede ningún triángulo estrecho sin cubrir. Tapa huecos tentadores que no conducen a ningún refugio seguro: el espacio bajo un cobertizo lleno de escombros afilados, ese estrecho sumidero al que un erizo puede entrar pero no puede retroceder. No estás construyendo una fortaleza. Estás editando el jardín.

Hay algunos errores clásicos que todos cometemos. Nos centramos en lo que vemos desde arriba, no en lo que encuentra un animal pequeño de lado. Dejamos todo ordenado para el invierno, apilamos cosas, enrollamos las redes... y olvidamos que el desorden es mortal cuando tienes frío, hambre y la mitad del tamaño de un gato. En una noche ventosa y húmeda, un simple lazo suelto de red puede ser una soga para un pájaro o erizo que pase.

Séamos sinceros: nadie hace esto todos los días. Nadie quiere tener una “inspección de riesgos” invernal en su lista de tareas. Así que divídelo en fases. Un fin de semana: cubre los topes afilados con pelotas. Otro: levanta o bloquea las redes bajas con pelotas en las esquinas. Otro: usa un par de pelotas para mantener un poco levantadas las tapas pesadas y que un animal atrapado pueda empujarlas. Los pasos pequeños y perezosos también cuentan.

«No necesitamos que todo el mundo sea experto en vida salvaje», dice una cuidadora con la que hablé. «Solo necesitamos que la gente elimine las peores trampas. Una pelota de tenis en una caña parece ridícula hasta que ves la radiografía del cráneo de un pájaro».
  • Cubre elementos verticales peligrosos: Pon pelotas de tenis en todas las cañas y puntas de estacas cerca de comederos, senderos y setos.
  • Levanta o bloquea las redes: Usa pelotas como “patas” para que las redes queden al menos a la altura de un erizo del suelo o bloquea completamente los huecos pequeños.
  • Protege huecos peligrosos: Tapa tubos estrechos, desagües y aberturas sin sentido; deja solo rutas seguras y amplias hacia refugios de verdad.

Un pequeño ritual invernal que te cambia la mirada sobre tu jardín

Cuando empiezas a poner pelotas de tenis, tu jardín deja de ser solo “tu espacio” y se convierte en territorio compartido. Te fijas en la rama favorita del mirlo para posarse. Ves el caminito del erizo a través de las hojas. Descubres por dónde se cuela siempre el petirrojo al anochecer. Esos puntos verdes fosforitos en cañas y esquinas se vuelven recordatorios: alguien más pequeño que tú también vive aquí.

En una noche helada, cuando ves tu aliento como humo y se te quedan los dedos insensibles, ese pensamiento es distinto. Tú puedes entrar, coger una manta, poner agua a hervir. Un pájaro que falla al aterrizar en tu poste metálico tiene una sola oportunidad. Sin segunda taza de té, sin baño caliente, sin analgésicos. Solo impacto o no impacto. A la pelota de tenis le da igual. Está ahí, o no está.

Este gesto muchas veces se extiende en silencio. Un vecino ve tu valla “rara” con pelotas de tenis, se ríe, y luego pregunta por qué. Dos semanas después, ves los puntitos amarillos en su jardín también. A los niños les encanta la idea y empiezan a “blindar contra erizos” los patios de sus abuelos. En una calle donde todos han pasado alguna vez por encontrar un animal inmóvil y frío en la hierba, esto parece una compensación. No culpa. Solo una amabilidad práctica, casi obstinada.

Lo curioso es que, una vez colocadas las pelotas, apenas piensas en ellas. El mirlo sigue cantando. Los erizos siguen olisqueando en la oscuridad. Los titulares siguen llenos de otras crisis. Pero, entre tu compostador y tu valla, un pico no se rompe, una columna no se parte. Probablemente nunca sepas qué vida cambiaste. Esa es la magia silenciosa.

Punto claveDetalleInterés para el lector
Cubrir objetos afiladosPoner pelotas de tenis en estacas, cañas y varillas metálicasReduce instantáneamente las lesiones graves de los pájaros
Bloqueo de huecos peligrososEncajar pelotas en agujeros, desagües y rendijas del cobertizoEvita que los erizos se queden atrapados o se pongan en peligro
Elevar redes del jardínUsar pelotas como apoyos para mantener las redes lejos del sueloDeja un paso seguro a la vez que protege tus cultivos

Preguntas frecuentes:

  • ¿Necesito pelotas de tenis especiales para la vida silvestre? En absoluto. Las pelotas de tenis viejas o desgastadas de tu casa o de un club valen perfectamente mientras estén enteras y sean lo bastante grandes para que ningún animal pueda tragarse trozos.
  • ¿Cuántas pelotas de tenis debería usar en un jardín pequeño? Comienza con 8 a 12: suficiente para cubrir todas las estacas verticales afiladas, las esquinas clave de las redes y uno o dos huecos peligrosos cerca de cobertizos o paredes.
  • ¿Las pelotas de tenis pueden atraer depredadores o alterar la fauna? No, los depredadores cazan por olor y movimiento, no por pelusa verde brillante. Las pelotas llaman principalmente tu atención, no la de zorros ni gatos.
  • ¿Se pudrirán o darán problemas con el tiempo? Suelen resistir bien la lluvia y las heladas; basta con revisarlas una o dos veces por temporada y sustituir las que se agrieten o rompan.
  • ¿Y si no tengo pelotas de tenis en casa? A menudo se pueden conseguir gratis en clubes de tenis, tiendas solidarias o a través de vecinos; las pelotas de goma de práctica o topes blandos similares también sirven en caso de apuro.

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