Detrás de ese destello rojo se esconde una incómoda verdad.
La clásica poinsettia navideña parece una inocente imprescindible de la temporada, pero muchas de estas plantas mueren en cuestión de días y dejan una pesada huella medioambiental. Cada vez más floristas dicen: quizás sea mejor prescindir de ella este año.
Por qué las poinsettias se siguen muriendo en nuestras casas
La poinsettia, o Euphorbia pulcherrima, procede originalmente de Centroamérica, donde crece como arbusto en condiciones cálidas y estables. El acogedor salón de Londres o Chicago puede parecerse en Instagram, pero no para la planta. Sufre con el aire seco de la calefacción, las corrientes de aire frío y el riego irregular.
Los floristas que han dejado de vender poinsettias describen el mismo patrón: enormes volúmenes vendidos en diciembre, volúmenes igual de enormes en la basura en enero.
Las estimaciones del sector sugieren que la gran mayoría de las poinsettias vendidas en invierno no sobrevive su primer mes en interiores.
Varios factores juegan en contra de la planta:
- Producción masiva en viveros gigantes, centrada en la rapidez y el volumen por encima de la resistencia.
- Estrés por frío durante el transporte desde el productor al mayorista y a la tienda.
- Cuidados incorrectos en casa: exceso de riego, agua estancada en las macetas o colocación en habitaciones con corrientes de aire o sobrecalentadas.
Muchas poinsettias de supermercado ya están en el límite de su tolerancia cuando las recoges. Un paseo frío a casa sin el envoltorio adecuado puede ser el golpe final. Pocos días después, las hojas se vuelven amarillas, luego marrones, y la planta lo pierde todo en lo que parece un colapso a cámara lenta.
El largo viaje del campo cálido al salón frío
En la naturaleza, las poinsettias crecen en regiones desde el noroeste de México hasta el sur de Guatemala. Hoy en día, grandes productores también las cultivan en extensas fincas en África y otras zonas cálidas. El camino hasta un alféizar europeo o estadounidense puede ser sorprendentemente complejo.
Los esquejes suelen empezar su vida en grandes campos o invernaderos en países más cálidos. Desde allí, pueden viajar en avión hasta cultivadores europeos o estadounidenses, donde se enraízan, se les fuerza a colorear y se preparan para las ventas navideñas en invernaderos de cristal.
Para provocar esas famosas “flores” rojas, los cultivadores acortan artificialmente la duración del día, controlando la luz y la oscuridad con estricta precisión.
Las poinsettias necesitan noches largas y días luminosos para formar sus brácteas coloreadas. En invierno, en latitudes elevadas, la luz natural se aproxima, pero no lo suficiente para los calendarios comerciales. Por eso, los productores simulan “noches artificiales” oscureciendo los invernaderos y gestionando la iluminación como si fuera un escenario de teatro.
El resultado parece perfecto en la estantería, pero la gestión del clima, la calefacción, la luz artificial y el transporte refrigerado consumen mucha energía. Suma las fundas de plástico, las macetas, el sustrato a base de turba y el volumen producido, y la planta festiva se convierte en un residuo estacional.
Por qué muchos floristas se lo piensan dos veces
Algunos floristas independientes, sobre todo en ciudades con clientes concienciados con el medio ambiente, critican abiertamente la fiebre de la poinsettia. Cuestionan la lógica de transportar en avión o camión millones de plantas frágiles por todo el mundo para una vida útil que a menudo acaba antes del día de Año Nuevo.
También ven el lado emocional. Muchos clientes sienten cierta culpa cuando una “flor de Navidad” decae y muere, aunque no hayan hecho nada mal. La planta parece castigar comportamientos normales: una corriente al abrir una ventana o un riego entusiasta tras un periodo seco.
Las preocupaciones medioambientales también pesan mucho. Cuando casi todas las plantas de un cultivo estacional acaban directamente en la basura en pocas semanas, el balance de recursos es pobre: agua, fertilizantes, transporte, embalaje y energía destinados a una planta que, en muchos hogares, se comporta como un adorno de usar y tirar.
Para los críticos, la poinsettia se ha convertido en símbolo de la decoración desechable: bonita, barata y silenciosamente derrochadora.
La “sentencia de muerte” de camino a casa
Incluso quienes eligen una poinsettia de mayor calidad y producción local suelen perderla rápidamente. El trayecto desde la floristería hasta el piso puede ser demoledor para una planta criada para la vida estable y resguardada del invernadero.
Algunos errores frecuentes reducen mucho sus posibilidades:
- Llevarla sin cubrir por calles frías y ventosas.
- Dejarla en el coche mientras se hacen recados con temperaturas cercanas a cero.
- Ponerla cerca de una puerta de entrada que se abre a menudo o de una ventana que no aísla bien.
- Regar abundantemente nada más llegar, dejando agua acumulada en la maceta exterior.
Las poinsettias responden al estrés por frío y al “encharcamiento” perdiendo sus hojas. Una vez que empiezan a caerse de forma masiva, rara vez se recuperan. La planta puede no estar completamente muerta, pero los tallos pelados desaniman a la mayoría de los dueños, que la tiran en vez de cuidarla durante meses.
Cómo cuidar una poinsettia si aún quieres comprar una
Para quienes aprecian el aspecto tradicional y todavía desean una poinsettia, unos cuidados más estrictos pueden ayudar. Requiere más atención de la que muchos compradores ocasionales esperan.
| Aspecto del cuidado | Lo que necesita la planta |
| Temperatura | Idealmente 18–22°C, nunca por debajo de 15°C; evitar cambios bruscos y corrientes frías. |
| Luz | Ubicación muy luminosa, pero sin sol directo y fuerte al mediodía sobre las hojas. |
| Riego | Dejar que la parte superior de la tierra se seque un poco; regar bien y escurrir el exceso de agua. |
| Transporte | Envolver con cuidado en papel o bolsa; minimizar el tiempo al aire libre o en coches fríos. |
| Ubicación | Alejada de radiadores, corrientes de aire de puertas y ventanas abiertas frecuentemente. |
Con paciencia, algunos aficionados incluso consiguen que la planta vuelva a colorear para la siguiente Navidad, respetando su necesidad de noches largas desde principios de otoño. Eso quiere decir nada de luces por la noche en la habitación donde está, o cubrirla 13–14 horas cada noche. Muchas personas lo dejan mucho antes de llegar a ese punto.
Alternativas duraderas que también resultan festivas
Los floristas que han dejado de recomendar la poinsettia no suelen pedir a sus clientes que renuncien a la vegetación invernal. Simplemente les orientan hacia plantas que toleran mejor la vida en una repisa y alegran durante años, no semanas.
Plantas que se adaptan mejor al interior
- Cactus de Navidad (Schlumbergera): Florece en invierno con llamativas flores rosas, rojas o blancas y puede vivir décadas en la misma familia.
- Aglaonema: Se cultiva por su follaje exuberante, con variedades que presentan patrones rosados o plateados, y tolera mucho mejor la iluminación de interiores que la poinsettia.
- Amarilis (Hippeastrum): Los bulbos producen espectaculares tallos florales rojos y blancos intensos, y se pueden guardar y hacer florecer de nuevo al año siguiente.
- Pino de la Isla Norfolk: Un pequeño árbol de aguja blanda que la gente decora como un mini árbol de Navidad y luego conserva como planta de interior.
Cambiar las plantas estacionales desechables por plantas de interior resistentes convierte la decoración navideña en parte a largo plazo del hogar en vez de un complemento de un mes.
Estas alternativas siguen aportando color y ambiente estacional, pero se adaptan mejor a los cuidados cotidianos. No requieren condiciones de invernadero y perdonan algún riego olvidado o una esquina un poco sombría.
Repensar la decoración navideña a medida que crecen los residuos
El debate sobre la poinsettia forma parte de una conversación más amplia sobre los residuos de temporada. Diciembre trae un aluvión de productos de un solo uso: adornos de plástico, textiles llamativos, regalos con mucho embalaje y decoración efímera. Las plantas suelen parecer la parte “verde” de la celebración, pero los ejemplares masivos y de vida corta pueden contar otra historia.
Para los hogares que quieren reducir residuos, una simple revisión ayuda: ¿qué adornos van directamente a la basura en enero? ¿Cuáles vuelven cada año? Si las poinsettias acaban en la primera categoría, cambiar a plantas duraderas y vivas puede estar más alineado con esos objetivos.
De la tradición al experimento: probando un “rincón navideño de bajo desperdicio”
Un enfoque práctico es crear una pequeña zona de prueba en casa. En vez de comprar una poinsettia fresca y kilos de espumillón desechable, opta por:
- Una o dos plantas duraderas con interés invernal.
- Luces reutilizables con temporizador.
- Adornos de madera, tela o papel que puedas guardar cuidadosamente.
A lo largo de varias temporadas, este “rincón de bajo desperdicio” puede ir creciendo poco a poco. Los niños suelen disfrutar viendo aparecer cada año las mismas plantas y objetos, como viejos amigos. Esa continuidad emocional puede sentirse tan festiva como una llamativa poinsettia roja que decae antes de Nochevieja.
La poinsettia no va a desaparecer de las tiendas próximamente. Pero las preguntas que plantean floristas y clientes concienciados abren la puerta a nuevos hábitos: menos compras por impulso, más atención al cuidado de las plantas y un cambio hacia la vegetación que de verdad quiera compartir nuestro hogar durante más de quince días.
Comentarios (0)
Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero!
Dejar un comentario