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El truco favorito de los decoradores para lograr que un salón pequeño parezca más grande, y que funciona en cualquier espacio reducido.

Sala de estar luminosa con sofá gris, televisor y dos personas mirando por la ventana.

Una alfombra modesta, una televisión encajada en el único rincón posible, y esa sensación familiar: da igual dónde te pusieras, siempre estorbabas. El propietario, un joven padre, se reía y se disculpaba mientras se deslizaba entre la mesa de centro. “Lo hemos intentado todo”, decía, “pero este salón es… pequeño”.

Entonces, la decoradora hizo algo sorprendentemente sencillo. Sin tirar paredes. Sin muebles caros. Solo unos cuantos movimientos discretos que parecían casi demasiado fáciles. Quince minutos después, la misma habitación parecía respirar. La gente dejó de chocarse entre sí. Las conversaciones fluían de otra manera.

En realidad, no había cambiado nada. Y, sin embargo, todo había cambiado. El truco en el que confían los decoradores en los salones pequeños es casi invisible para el ojo inexperto. Pero una vez que lo ves, empiezas a notarlo en todas partes.

El extraño poder del “espacio robado”

El ingenioso truco que adoran los diseñadores no es un sofá mágico ni una pintura milagrosa. Es la forma en que roban espacio visual a las paredes y se lo devuelven a la estancia. Juegan con la altura, las líneas de visión y los bordes, de modo que tu cerebro pasa de “pequeño” a “espacioso” sin darse cuenta.

En cualquier salón pequeño decorado profesionalmente te darás cuenta de algo: la mirada rara vez se detiene en los bordes de los muebles. Se desliza hacia arriba, hacia un lado, en diagonal. La habitación parece continuar, incluso donde físicamente no lo hace.

Esa es la ilusión. No cambias el número de metros cuadrados. Cambias la forma en la que se percibe la habitación.

Una decoradora a la que seguí durante un día, Maya, mostró este truco en un piso de ciudad de 17 m². El salón no era mucho más que un pasillo con ventana. El propietario trabajaba en el sofá, comía en el sofá, veía Netflix en el sofá. El espacio parecía una habitación de estudiante, aunque él tenía 38 años y un buen trabajo.

Maya no empezó yendo de compras de muebles. Empezó por las paredes. Subió la barra de la cortina casi hasta el techo. Colgó una obra de arte grande y vertical, más ancha que la consola diminuta que había debajo. Sustituyó una lámpara de pie baja y voluminosa por una alta y esbelta que superaba el nivel de los ojos.

El propietario regresó esa tarde y parpadeó. Mismo suelo, misma ventana, mismo sofá. Sin embargo, de repente la estancia se sentía como un “auténtico” salón. “¿Has movido una pared?”, preguntó, medio en broma, medio en serio.

Nuestros cerebros no miden los salones como los topógrafos. Usan pistas: dónde se detiene la mirada, dónde se acumula la luz, dónde el mobiliario “corta” el espacio. Cuando los elementos son bajos, gruesos y dispersos, la habitación se encoge visualmente. Cuando las líneas son largas, verticales o continuas, la estancia se amplía en nuestra percepción.

Los diseñadores manipulan esto de manera silenciosa. Exageran la altura llevando la vista hacia arriba. Estiran el ancho dejando que alfombras, cuadros y estanterías sobresalgan por los lados del mueble al que sirven. Liberan el suelo todo lo posible, para que el plano base se lea como un campo continuo y no como un mosaico de obstáculos.

Este truco funciona en cualquier estilo, cualquier presupuesto, cualquier país. La técnica es siempre la misma: modificar la trayectoria del ojo.

El movimiento favorito del decorador: agrandar y elevar

La versión más potente de esta ilusión se consigue con un combo: usar menos piezas, pero que sean más grandes y más altas. Los decoradores lo llaman “sobredimensionar con intención”. Suena arriesgado en un espacio pequeño, y sin embargo es lo que de repente hace que parezca generoso.

Piensa en cortinas altas colgadas cerca del techo, aunque la ventana sea baja. Una sola obra de arte grande en vez de un collage de marcos pequeños. Una alfombra que se extiende generosamente bajo el sofá y el sillón, en vez de una pequeña alfombrilla flotando en mitad del suelo. Una mesa de centro un poco más larga de lo que crees que puede “soportar” la habitación.

Todos cumplen el mismo propósito: estirar las líneas de la estancia más allá de sus verdaderos límites.

El método es sorprendentemente sencillo. Empieza por el techo. Cuelga las barras de cortina 10-20 cm por encima del marco de la ventana y deja que la tela roce el suelo. Así creas una columna ininterrumpida que dice “esta habitación es alta”, aunque no lo sea. Coloca el cuadro más grande aproximadamente a la altura de los ojos, pero asegurándote de que sobresalga bastante por encima del respaldo del sofá.

Para el suelo, elige una alfombra que llegue hasta debajo de asientos principales. Aunque deje solo un pequeño borde de suelo desnudo, visualmente fusiona el mobiliario en una sola isla. Luego, eleva tantas cosas como puedas: estantes de pared en vez de otra cómoda, mueble de TV flotante en vez de armario voluminoso, butacas de patas finas en lugar de tapizadas hasta el suelo.

El espacio físico no crece. El espacio negativo sí.

A nivel práctico, la gente suele dudar justo donde ocurre la magia. Les preocupa que una gran alfombra “se coma” la estancia, o que un cuadro grande en una pared estrecha abrume el espacio. Así que juegan sobre seguro con marcos diminutos, almacenaje bajo, lámparas pequeñas. El resultado es una habitación llena de cositas que trocean el espacio en migajas visuales.

En un mal día, eso hace que la casa parezca más un trastero que un salón. En un buen día, solo resulta un poco molesto. Todos hemos tenido ese momento en que llegan invitados y de repente te das cuenta de lo estrecho que parece tu salón.

Los diseñadores ven esta duda constantemente y la tratan casi como miedo escénico. La solución es elegir uno o dos elementos grandes y dejarles respirar. Y lo demás, más simple y ligero. Menos cosas, gestos más grandes.

“La gente piensa que un sofá grande o un cuadro enorme hará que el salón se vea más pequeño”, explica la estilista de interiores Lina Ortiz. “Rara vez es así. Lo que lo hace sentirse pequeño son veinte objetos pequeños compitiendo por la atención a la misma altura”.

En vez de culpar en silencio a tus pocos metros, puedes centrarte en estos mandos y probarlos en tu propia estancia:

  • Eleva algo: cortinas, una lámpara o una estantería
  • Sobredimensiona una superficie plana: la alfombra o el cuadro principal
  • Libera parte del suelo, eligiendo muebles colgados o con patas finas

Cada pequeño cambio mueve la mirada lo justo. Combinados, crean ese momento de “¿Has agrandado el salón?” que notan los invitados antes que tú.

Vivir con la ilusión (y adueñarte de tu espacio pequeño)

Una vez que sabes cómo engañan el ojo los decoradores, es difícil dejar de verlo. Repararás en la alfombra generosa de ese pequeño Airbnb que te encantó. Las cortinas en el estudio de tu amigo que empiezan sospechosamente cerca del techo. Cómo tu cafetería favorita usa plantas altas y estantes elevados para que una sala estrecha parezca un loft.

Eso no significa que debas lanzarte de compras ni aspirar a la perfección de Instagram. Seamos honestos: nadie hace eso de verdad todos los días. Los cambios más eficaces suelen hacerse un domingo por la tarde con un taladro, un metro y dos piezas que ya tenías, pero puestas un poco más altas o hechas un poco más grandes.

El cambio profundo sucede en otro sitio. Dejas de luchar contra tu pequeño salón y empiezas a negociar con él. Miras tus paredes como aliadas, no solo como trasfondos. Aceptas que no necesitas cinco mesitas minúsculas si una bien proporcionada es más funcional y agradable.

Puede que de vez en cuando sigas chocando con una esquina. Así es la vida en una casa pequeña. Pero el ambiente general del salón pasa de “estamos apañándonos” a “así es como debe sentirse”.

En pantalla ese cambio es difícil de mostrar. En la realidad, lo notas en los hombros nada más entrar. Tus ojos alcanzan un poco más lejos. Respiras un poco más profundo. Los visitantes se quedan un rato más, sin saber muy bien por qué.

Ese es el triunfo silencioso del truco favorito de los decoradores. No hace falta obras, ni espejos mágicos, ni promesas falsas de “duplicar” tus metros. Solo unas líneas más audaces, un poco más de altura y la decisión de dejar de pensar en pequeño solo porque la habitación lo sea.

Puntos clave para salones pequeños

Punto claveDetalleInterés para el lector
Jugar con la alturaSubir barras, estantes y luces, dejar cortinas rozando el sueloCrea la sensación instantánea de un techo más alto y un volumen más generoso
Atreverse con piezas grandesElegir una alfombra amplia, una obra imponente o un mueble principal bien dimensionadoUnifica visualmente el salón y evita el efecto “acumulación” agobiante
Liberar el sueloPriorizar muebles con patas finas o suspendidos, limitar los objetos pequeños a ras de sueloHace que el suelo se perciba como una superficie continua, ampliando visualmente el espacio para el visitante

FAQ

¿Debo colgar siempre las cortinas hasta el techo en un salón pequeño?
No necesariamente justo en el techo, pero sí más alto que el marco de la ventana suele quedar mucho mejor. Intenta colgarlas a 10–20 cm por encima del marco para que el ojo lea una columna de tela alta.

¿Una alfombra grande no abrumará mi pequeño salón?
Una alfombra demasiado pequeña divide la estancia visualmente. Una más grande, que llegue debajo de todos los asientos principales, unifica la zona y la hace sentir como un todo, no como varios objetos sueltos.

¿Puedo poner una pared de cuadros en un salón pequeño?
Puedes, pero mantenla compacta y ordenada. En habitaciones realmente pequeñas, una obra grande y sencilla suele estirar más visualmente la pared que muchas piezas pequeñas.

¿Cómo hago que un salón de alquiler parezca más grande sin taladrar?
Barras de tensión para las cortinas altas, lámparas de pie altas, espejos o arte apoyados en la pared, alfombras grandes. Puedes jugar con la altura y la escala sin tocar la pared.

¿Mejor más muebles pequeños o menos y más grandes?
Menos piezas, pero algo más grandes, suelen crear un ambiente más relajado y espacioso. Tres elementos bien elegidos ganan siempre a siete objetos pequeños compitiendo entre sí.

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