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El precio de la chocolatina favorita de los húngaros baja rápidamente y ahora se vende por céntimos.

Mujer comprando en supermercado, mirando productos en un pasillo lleno de estantes con cajas y llevando una cesta gris.

Las pegatinas de descuento gritan desde los pasillos, las ofertas de multipack se acumulan y los compradores que hace poco se quejaban de que las tabletas encogían y las facturas subían ahora ven cómo su clásico de siempre vuelve a estar barato.

La dulce imagen de Milka se enfrenta a una amarga realidad

Durante años, Milka ocupó una posición cómoda en Hungría: envoltorios morados amigables, anuncios emotivos y un sabor que la mayoría recuerda desde la infancia. La marca parecía intocable. Este año ha hecho añicos esa ilusión.

Su propietaria, Mondelez, reporta mayores ingresos en Europa, pero la historia tras el titular es menos brillante. La facturación creció alrededor de un 11%, pero ese aumento proviene sobre todo de subidas de precios, no de que la gente compre más chocolate. De hecho, el volumen de ventas en Europa cayó aproximadamente un 7,5%, una bajada mucho más acusada que en otras regiones.

Milka ingresa más dinero por tableta, pero vende menos tabletas, y los consumidores empiezan a reaccionar.

La reacción no surgió de la nada. Primero, los precios subieron con el argumento de que el cacao y otras materias primas se habían encarecido. Luego los paquetes se hicieron más pequeños, pero las subidas de precio continuaron. Muchos húngaros sintieron que pagaban más por menos, y esa frustración se desbordó en redes sociales y foros de consumidores.

El descontento creció tanto que una importante organización de protección al consumidor entregó a la marca un "premio negativo" por comunicación engañosa. Ese tipo de vergüenza pública duele, especialmente para una empresa que gasta mucho en una imagen amable y emocional.

Por qué Milka de repente parece tan barata en Hungría

Entra ahora en un gran supermercado de Budapest, Debrecen o Szeged y lo verás: descuentos agresivos en tabletas de Milka, a veces tan pronunciados que los compradores habituales miran dos veces las etiquetas de los estantes.

Entre las promociones recientes reportadas en tiendas húngaras hay ofertas como:

  • Pequeñas tabletas Milka rebajadas a menos de la mitad de su precio anterior,
  • Tabletas de 90 gramos por unos 380 forintos,
  • Cupones exclusivos de app que acercan el precio efectivo a los 300 forintos,
  • Tabletas tamaño familiar con un descuento de aproximadamente el 40%,
  • Reducciones temporales de precios de más del 50% en ciertas cadenas, incluida Kaufland.

Reducciones tan drásticas no aparecen solo por generosidad de los comercios. El chocolate entra menos en las cestas que antes, ya que los hogares intentan controlar el gasto ante el alto coste de la vida. Algunos consumidores se pasan a golosinas más baratas, como las gominolas, de las que marcas como Haribo y Katjes salen beneficiadas con el cambio.

Los supermercados utilizan Milka -una compra familiar y emocional- como imán para atraer de nuevo a los compradores preocupados por el precio al pasillo de los dulces.

Pero los recortes persiguen también otro objetivo: ayudar a Mondelez a mejorar las cifras antes del cierre del ejercicio financiero. Mover grandes volúmenes a precios rebajados puede ser mejor, de puertas adentro, que aceptar una caída de la demanda aún mayor y más prolongada. Liquidar inventario, proteger el espacio en el lineal y mantener la marca visible son aspectos estratégicos, incluso cuando el margen se reduce temporalmente.

Cómo se fijan realmente esos precios “de céntimos”

De forma oficial, las tiendas deciden el precio final que ve el comprador. En la práctica, las promociones de una gran marca como Milka rara vez ocurren sin una intensa coordinación entre fabricante y minorista.

Meses antes de una campaña nacional, ambas partes suelen sentarse a planificar:

PasoQué sucede
PlanificaciónEl minorista y Mondelez acuerdan volúmenes objetivo, formatos destacados y calendario de descuentos.
SuministroLas fábricas aumentan la producción para evitar quedarse sin stock en mitad de la campaña.
FinanciaciónNegocian cómo repartirse el coste del precio rebajado y de la publicidad promocional.
EjecuciónLas cadenas promocionan las ofertas a través de folletos, apps y posicionamiento en tienda para impulsar las compras por impulso.

Los comercios suelen exigir “apoyo publicitario” al fabricante. Puede tratarse de pagos directos, de tarifas especiales por aparecer en folletos o de contribuciones a los propios descuentos. Sin ese respaldo, los supermercados tienen poco incentivo para sacrificar su propio margen solo por ayudar a que una multinacional parezca más barata.

Mientras tanto, se fragua otra batalla de precios

La actual oleada de descuentos oculta una conversación más incómoda entre bastidores. Los fabricantes de alimentos, incluidos los de confitería, intentan conseguir nuevas subidas de precios en torno al 20% por parte de los comercios. Alegan aumento de costes laborales y de materiales de embalaje.

Ese argumento suena menos convincente para muchos, dado que ingredientes clave como la leche y el azúcar han vuelto a abaratarse en los mercados globales y gran parte de la producción de chocolate funciona ya con un alto grado de automatización.

Los compradores húngaros ven contratos de cacao más baratos y líneas de producción robotizadas, y luego leen sobre otra subida solicitada del 20%. La brecha de confianza se agranda.

Los comercios saben que sus clientes están exhaustos por la inflación, especialmente en Europa Central y del Este, donde los precios de los alimentos han subido mucho en los últimos años. Las cadenas temen que, si aceptan cada subida solicitada, empujarán a los hogares hacia productos de marca blanca o discounters rivales.

¿Qué ocurre si ninguna parte cede?

Cuando las negociaciones se estancan, las consecuencias se ven en los estantes. Las marcas pueden desaparecer de repente, no por problemas de producción, sino por falta de acuerdo sobre la estructura de márgenes entre minorista y proveedor.

Ya ha ocurrido en Hungría: una gran cadena de supermercados retiró temporalmente otra marca global de confitería tras una disputa sobre la política de precios. Durante unas semanas, el hueco vacío donde solían estar las tabletas familiares de chocolate servía de silenciosa advertencia a ambas partes.

  • Los fabricantes arriesgan perder visibilidad y ventas por impulso.
  • Los minoristas arriesgan molestar a clientes fieles y que se vayan a tiendas rivales.
  • Los compradores a menudo se pasan a las marcas blancas y luego nunca regresan del todo.

Si Mondelez y las grandes cadenas en Hungría optan por ese camino, algunos productos de Milka podrían desaparecer de la variedad, al menos temporalmente. Para una marca insignia basada en la continuidad y la costumbre, ese tipo de ruptura puede doler más que una oleada puntual de descuentos.

La fatiga chocolatera se topa con la realidad del coste de la vida

Tras la historia de esta marca hay un cambio más amplio en la forma en que los húngaros consumen dulces. Cuando las facturas de la luz y la hipoteca se llevan una mayor parte de los ingresos, los “pequeños lujos” se reevalúan. La gente sigue comprando dulces, pero observa más el precio por gramo, revisa las promociones en el móvil y acepta cambiarse a marcas blancas si ahorra cientos de forintos a la semana.

Algunos hogares reservan las “marcas conocidas” solo para ocasiones especiales -Navidad, cumpleaños, visitas familiares-, mientras el picoteo del día a día pasa a opciones más baratas. Ese patrón debilita a las marcas premium que dependen de compras constantes y automáticas, no solo de picos en fiestas.

Además, los debates globales sobre el azúcar, la salud y los ultraprocesados van cambiando hábitos, sobre todo entre los jóvenes. Gominolas, barritas y opciones saladas le van quitando terreno al chocolate, antaño sin rival.

¿Qué significa esto para tu próxima compra de chocolate?

Para los compradores habituales en Hungría, la situación actual trae tanto oportunidades como trampas.

A corto plazo, estos grandes descuentos pueden recortar de verdad tu factura. A largo plazo, la misma marca puede volver con tabletas más pequeñas, precios base más altos y una sensación de valor menos clara.

Algunos consejos prácticos ante esas promociones en morado intenso:

  • Mira el precio por kilo, no solo el precio que aparece en la etiqueta de cada tableta.
  • Compara Milka con marcas rivales y con tabletas de marca blanca.
  • Fíjate en la “redufla” (shrinkflation): envoltorios parecidos con menos cantidad dentro.
  • Decide si haces acopio durante las promociones o si tomas estas ofertas como un capricho puntual.

Desde un punto de vista más general de derechos del consumidor, el caso Milka muestra lo rápido que el sentimiento público puede pasar del cariño a la sospecha cuando la gente se siente engañada en cantidad y precio. Las marcas que dependen mucho de la emoción y la nostalgia ahora se encuentran con un público más exigente, que mira las etiquetas, pesa los gramos y conecta las promesas del marketing con el valor real en caja.

Para los amantes del chocolate en Hungría, este momento extraño -cuando una tableta querida de repente se vende por lo que parecen céntimos- ofrece una rara oportunidad de disfrutar clásicos de siempre a precios más suaves. A la vez, es toda una lección en vivo sobre cómo gigantes globales de la alimentación, cadenas de supermercados y carteras nacionales se encuentran todos en una simple tableta de chocolate envuelta en morado.

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