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Adiós al microondas: muchos hogares están optando por un dispositivo más rápido y limpio que revoluciona la forma de cocinar.

Hombre cocinando pollo y verduras en una freidora de aire en la cocina.

Sin zumbidos molestos, sin platos girando, sin tapas de plástico repiqueteando contra la puerta grasienta del microondas. Solo un suave ruido de ventilador y un resplandor tenue, como una pequeña nave espacial en la encimera. Tres muslos de pollo, aún medio congelados, entran. Quince minutos después, la cocina huele a asado de domingo - un martes, a las 19:45, cuando nadie había planeado nada.

El viejo microondas sigue en la esquina, polvoriento, enchufado, técnicamente “funcionando”. Pero ya nadie lo toca. Es como una reliquia de otra vida, cuando “calentar algo” era lo más parecido a cocinar entre semana para la mayoría.

Y silenciosamente, en millones de cocinas, algo más ha tomado su lugar.

Del “ping” al crujiente: por qué el microondas está perdiendo su corona

Mira cualquier tour de cocina moderna en YouTube o TikTok y lo verás, en primera línea en la encimera: la freidora de aire. Bajita, brillante, algo voluminosa, se ha convertido en el electrodoméstico predilecto cuando hay hambre y cansancio. El microondas, antes símbolo de la conveniencia rápida, va quedando relegado a tareas de apoyo - recalentar café, descongelar pan, para esas raras emergencias de “se me olvidó sacarlo del congelador”.

Lo que ha cambiado no es solo el aparato. Es la sensación de lo que significa “comida rápida en casa”. En vez de porciones de pizza blandas y pollo chicloso, obtienes bordes crujientes y dorados. Rápido ya no tiene que significar triste.

En un piso compartido de Londres, el cambio ocurrió casi por accidente. Un compañero llevó a casa una freidora de aire de gama media por capricho en Black Friday, más por curiosidad que por convicción. La primera noche, metieron patatas fritas congeladas baratas. Diez minutos después, todo el piso estaba reunido alrededor de la encimera, pellizcando patatas ardiendo y diciendo lo mismo: “No me creo que esto no haya pasado por una freidora convencional.”

En cuestión de semanas, cambió el patrón. Las sobras de patatas asadas iban a la cesta. Las verduras que solían perecer lentamente en el cajón se troceaban, aliñaban con aceite y asaban entre semana. El microondas, antes utilizado varias veces al día, pasó a ser una ocurrencia secundaria. Alguien bromeó diciendo que solo se abría para recuperar la taza olvidada en su interior horas antes.

No es solo una anécdota de piso compartido. Las cifras cuentan la misma historia. Grandes cadenas en Europa y EE. UU. informan de un crecimiento a doble dígito en las ventas de freidoras de aire año tras año, mientras las de microondas se estancan o caen. En internet, las recetas etiquetadas como “air fryer” explotan en popularidad. La promesa es sencilla: el mismo tiempo (o menos) que el microondas, pero comida que sabe a que realmente ha tocado calor, no a experimento científico de pérdida de humedad.

Parte del cambio es psicológico. El microondas es sinónimo de atajo y “no tengo tiempo para cocinar”. La freidora de aire encaja en otra categoría: da la sensación de cocina real, incluso cuando solo echas nuggets congelados. Convierte el mismo gesto apresurado en algo que se ve y huele más parecido a una comida casera. Esa pequeña diferencia cambia cómo piensas la cena cuando llegas a casa a las 20:00.

El aparato que hace que “comida real” parezca tan fácil como recalentar

El uso básico de la freidora de aire es desarmantemente sencillo. Precalienta un par de minutos, mete la comida con una cucharadita de aceite, pulsa un botón, agita a mitad de tiempo, y a comer. Eso es todo. Sin vigilar una sartén, sin salpicaduras de aceite, sin acechar el horno por si se quema la bandeja por un lado. Para quienes compaginan hijos, trabajo o el caos cotidiano, ese ritmo de “pon y olvida” es oro puro.

Lo difícil es la primera semana. Adivinas los tiempos. Se te tuestan un poco los bordes del brócoli del primer intento. Cortas el pollo demasiado grueso. Luego tu cerebro empieza a memorizar: 8 minutos para calabacín, 12 para salmón, 15–18 para patatas crujientes. Esos números se te quedan como los viejos números de teléfono. Rápido, caliente, hecho.

La gente habla mucho de tiempos y velocidad, pero el auténtico secreto es el hábito. Cuando descubres que puedes meter zanahorias crudas con comino y aceite y obtener algo casi de restaurante en 10 minutos, empiezas a comprar zanahorias a propósito. Cuando ves que la piel del pollo asado recalentada queda crujiente, dejas de tirarla a la basura. La freidora de aire se convierte en ese motor silencioso de “En realidad, podría usar eso en vez de tirarlo”.

También influye el tema de la limpieza, que nadie admite que es tan importante como realmente es. Sacas la cesta, enjuagas, quizás un fregado rápido, listo. Sin bandejas de horno empapadas, sin queso horneado fosilizado durante meses. Para quienes odian lavar, a menudo es la línea que separa entre “Cocino algo” y “Meto una bandeja de plástico triste al microondas mientras miro el móvil”. Seamos honestos: nadie hace eso todos los días con un horno tradicional.

¿La otra sorpresa? Esta “freidora” lo hace todo mientras empuja discretamente a la gente hacia opciones más saludables, sin sermonear. Menos aceite por defecto, más verduras apetecibles gracias a la textura, menos precocinados porque de repente unas alitas o garbanzos asados parecen igual de fáciles. No es la panacea para el estilo de vida, pero influye. Y esos pequeños empujones, repetidos cada tarde a las 19:00, es donde nacen los hábitos.

Transformar una moda ruidosa en aliada cotidiana de cocina

Si estás empezando, piensa en pequeños rituales, no en grandes cambios vitales. Elige algo habitual - patatas, muslos de pollo, verduras congeladas - y domina eso primero en la freidora de aire. Corta en trozos de tamaño similar, rocía con aceite, sala generosamente y parte del ajuste por defecto: 180–200°C, 10–15 minutos. Abre a mitad de tiempo, agita, escucha el chisporroteo.

Cuando domines ese plato comodín, añade poco a poco otro. Añade una segunda receta “automática”: quizá salmón con soja y miel, o pimientos y cebolla con pimentón. No busques ser influencer de la freidora. El objetivo es tener dos o tres cosas que prepares medio dormido, tras un día horrible, sin pensar ni medir. Así es como este aparato reemplaza silenciosamente al microondas.

Mucha gente tropieza en los mismos errores y luego se queja de que la fama ha sido exagerada. Llenan la cesta tanto que no se dora nada. Jamás la remueven a la mitad, así que un lado queda pálido y el otro quemado. Se fían ciegamente del recetario y terminan con pollo reseco porque su aparato calienta más que el del test. Una noche cansados, ese primer fallo basta para decir “Bah, vuelvo al microondas”.

Lo amable es tratar tu primera semana como fase de test. Empieza con tiempos cortos y suma minutos si hace falta. Usa un poco más de aceite de lo que indica el envase si la comida se ve seca o apagada. No te agobies si tu primera pizza congelada sale rara - este aparato brilla más con ingredientes enteros que con cenas de cartón. Habla con quien lleve usándolo tiempo y oirás lo mismo: fue a mejor cuando dejaron de mirar el recetario y confiaron en lo que veían y olían.

“El mayor cambio no fue la freidora de aire en sí”, dice Emma, enfermera de 34 años que cambió su microondas por un modelo intermedio el año pasado. “Fue cuando me di cuenta de que podía tener algo caliente, satisfactorio y más o menos sano en 12 minutos, mientras me duchaba tras una noche de trabajo. Antes, era fideos instantáneos o nada.”

Para muchos, la freidora de aire es menos perseguir recetas de TikTok y más recuperar trozos de tiempo y energía. Metes tofu marinado mientras respondes emails. Recalientas pizza sobrante para que la base quede crujiente y no blanda. Asas verduras un martes, no solo en el mítico “cuando tenga tiempo” del fin de semana. En lo pequeño y diario, eso cambia la sensación de tu cocina.

  • Empieza con una receta “estrella” y repítela hasta que salga con los ojos cerrados.
  • Deja espacio en la cesta para que circule el aire y se logre el crujiente.
  • Usa el microondas para lo que mejor hace: descongelar rápido y recalentar líquidos.
  • Piénsalo como un mini horno, no como un juguete: ajusta tiempo, mira, huele, prueba.

Una revolución silenciosa zumbando en la encimera

Lo que ocurre no es una simple moda de gadgets. Es una reescritura lenta de cómo es la cocina diaria en casa. El microondas prometió libertad frente a los fogones; la freidora de aire promete algo más extraño: comida real, con textura, en casi el mismo tiempo, menos esfuerzo y menos culpa por lo que hay en el plato. No es alta gastronomía. Es una cena de martes ligeramente mejor, una y otra vez.

En ese sentido, el “adiós al microondas” no es un destierro dramático ni un TikTok viral tirándolo a la basura. Es más sutil. Es el adolescente que recalienta las patatas fritas de anoche en la freidora de aire porque ya sabe que así vuelven a estar crujientes. Es el padre o madre que descubre que puede poner pollo y verduras en la mesa en 18 minutos sin caja congelada. Es el soltero en un estudio, asando coliflor a las 22:00 solo porque es fácil y reconfortante.

No hablamos mucho de estos cambios silenciosos, y sin embargo lo cambian casi todo: con qué frecuencia pedimos comida, cómo usamos las sobras, cuánta energía gasta el horno, cómo nos sentimos al cocinar agotados. Esa cajita negra en la encimera se ha vuelto acompañante de esos ratos intermedios, cuando tenemos hambre, prisa y ganas de rendirnos un poco. Y a medida que más hogares recurren a ese cajón zumbador en vez del viejo “ping” del microondas, nuestras cocinas - y nuestros hábitos - se están reescribiendo de formas que solo veremos del todo con el tiempo.

Punto claveDetalleInterés para el lector
Freidora de aire vs microondasDeja la comida más crujiente y con textura de “horno” en tiempos similaresEntender por qué tantos hogares lo prefieren para las comidas diarias
Hábitos de cocinaConvierte gestos rápidos en cocina real sencilla, incluso entre semanaImaginarse una rutina más sabrosa sin pasar más tiempo
Uso inteligenteIdeal para asar, recalentar manteniendo el crujiente, reducir desperdicioSacar el máximo al aparato y evitar las primeras decepciones

Preguntas frecuentes:

¿De verdad la freidora de aire es más rápida que el microondas?Para recalentar sopa o café, el microondas sigue siendo más rápido. Para todo lo que requiera textura - pizza, patatas fritas, pollo, verduras - la freidora muchas veces tarda igual y da mucho mejor resultado.
¿Puede una freidora de aire sustituir completamente al horno?No del todo. Es perfecta para raciones pequeñas o medianas y la comida de diario, pero un pavo entero o varias bandejas de galletas siguen necesitando un horno tradicional.
¿La comida de la freidora de aire es realmente más sana?Suele usar mucho menos aceite que freír o saltear, y anima a cocinar más alimentos frescos. La salud depende de lo que pongas en la cesta, no solo del aparato.
¿Qué debería cocinar primero para probarla?Empieza con algo agradecido: patatas, zanahorias o muslos de pollo. Se doran bien, toleran errores de tiempo y muestran la diferencia con el microondas.
¿Sigo necesitando el microondas?Mucha gente lo reserva para descongelar rápido y calentar líquidos, pero usa la freidora para casi todo lo demás. Con el tiempo, notarás el microondas criando polvo en una esquina, esperando su turno en silencio.

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