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8 trabajos secundarios fáciles que me hicieron ganar más de 1.000 € al mes en 2025

Persona trabajando en un portátil en el salón, con cámara, maletas y un perro en el sofá al fondo.

El agobio por el dinero suele atacarme en los lugares más aburridos.

Para ti puede ser en la caja del supermercado, para mí fue haciendo cola en Greggs, mirando mi app del banco mientras el olor a rollos de salchicha se burlaba de mi saldo de 3,21 libras. Alquiler, comida, una vida social que no fuera solo decir “el mes que viene” por WhatsApp... todo parecía un problema de matemáticas que yo iba perdiendo en silencio. No quería una segunda carrera “de triunfar y no parar”, solo quería ganar un par de miles más al año sin quemar lo que me quedaba de neuronas.

Así que me convertí en esa persona: la amiga de los ingresos extra. No en plan predicador, sino más bien como un conejillo de indias un poco desesperado que probó un montón de ideas fáciles y solo se quedó con las que realmente daban pasta. Estas son las ocho que, de forma discreta, superaron los 1.000 dólares al mes en 2025 sin destrozarme las noches. Una de ellas empezó con una simple foto polvorienta en mi móvil.

1. Revender trastos olvidados (mi nómina “accidental” de Amazon)

Esta empezó por pura vergüenza. Acababa de mudarme y me di cuenta de que tenía dos freidoras de aire, tres sets de cosmética sin abrir y un número de cables que debería ser ilegal. Aproveché un domingo de relax, me hice un café y empecé a poner anuncios en Vinted, eBay y Facebook Marketplace. Sin estrategia, sin fotos bonitas, solo luz natural y una sábana medio limpia de fondo.

La primera semana gané unos 180 dólares. La segunda, un poco más. Luego me entró la curiosidad y empecé a visitar tiendas benéficas y pasillos de liquidación, buscando lo típico: zapatillas de marca en buen estado, sets de Lego, pequeños electrodomésticos, tazas de edición limitada. Mi norma era fácil: solo compraba cosas que yo misma tendría y si, como mínimo, podía triplicar el dinero.

Por qué seguía siendo fácil

Cuando aprendí qué categorías se vendían rápido, se volvió casi automático. Hacía las fotos en lote los sábados, escribía una descripción decente para cada tipo de producto y luego solo cambiaba tallas o colores. Las etiquetas de envío se imprimían solas desde la app; lo más ruidoso era el celo rompiéndose mientras embalaba cajas viendo Netflix.

Al cuarto mes ya hacía unos 1.100 dólares de beneficio (no ingresos, beneficio). El trabajo bajó a unas 3-4 horas semanales cuando encontré mi ritmo. Todos hemos tenido ese momento de ver que la mitad de nuestras cosas solo acumulan polvo; convertir eso en alquiler fue una pequeña revolución privada.

2. Alquilar cosas que nunca uso (no el piso, mis cosas)

Siempre pensé que “alquilar” era solo Airbnb, habitaciones libres, desconocidos en tu baño. Luego una amiga me contó que sacaba 300 libras al mes alquilando su cámara en Fat Llama. Empecé a mirar mi piso de otra forma: trípode, micrófono, mesa plegable, maleta, material de camping, un taladro casi sin estrenar. Ya no eran trastos, era un kit silencioso.

Puse en apps de alquiler entre particulares todo lo que no me daba pena prestar. Maletas para escapadas, herramientas para fines de semana de bricolaje, un proyector que alguien usó para un cine al aire libre. Puse los precios un poco por debajo de la competencia y descripciones que sonaban a mí, no a condiciones de uso.

Dinero por no hacer prácticamente nada

La primera reserva fue de un chico que quería mi proyector para una fiesta de Eurovisión. Gané 28 dólares por literalmente nada más que quitarle el polvo y decir “Disfruta”. Tras dos meses, dejé de pensar en “side hustle” y empecé a verlo como una mini-biblioteca de préstamos.

La mayoría de meses están entre 1.000 y 1.300 dólares, casi todo gracias a unos pocos productos muy demandados: proyector, cámara, kits de camping y ese pequeño taladro campeón. El verdadero trabajo es estar atento y organizado. *Lo raro es que te sientes menos culpable por poseer cosas, porque ya no están muertas de risa.*

3. Cuidar mascotas mientras sus dueños viajan

Si el estrés laboral tiene antídoto, es un perro roncando a tu lado mientras respondes emails. Empecé de canguro por hacerle el favor a una amiga que se iba una semana a España y no se fiaba de una residencia. Quiso pagarme, dije que no, insistió, y acabé con 150 libras y una obsesión nueva por el spaniel de otra persona.

Esa noche me inscribí en dos plataformas para cuidar mascotas, rellené un perfil brutalmente honesto y subí fotos que no parecían sacadas de stock. Puse los precios un poco por debajo del promedio y busqué encargos donde pudiera teletrabajar. Paseos largos bajo la lluvia a las 6 de la mañana, no gracias.

Pelo suave, dinero suave

Para cuando llegó 2025, este extra se había convertido en el más satisfactorio a nivel emocional. Semanas enteras cuidando casas, escapadas de fin de semana, visitas diarias a gatos que casi preferían que los dejaran en paz… todo sumaba en silencio. Un buen mes rondaba los 1.200 dólares y en vacaciones llegaba a 1.600.

Siendo sinceros: nadie limpia las bandejas todos los días con una sonrisa. Pero la recompensa era volver a un barrio diferente, sábanas limpias, la alacena de café de otro y animales que pensaban que eras famoso solo por traerles chuches. Nunca pareció “trabajo” de ese que te deja vacío, solo ser una persona cumplidora con WiFi.

4. Crear plantillas sencillas en Notion

Esta me sorprendió porque no parecía un negocio al principio. Hice un panel en Notion para ordenar mi vida caótica: facturas, contraseñas, ideas, la lista de la compra, el típico recordatorio de pedir cita al dentista. Una amiga lo vio y soltó: “Yo pagaría por eso”. Me reí, pero exporté una versión limpia y la subí a Gumroad igualmente.

La puse a 7 dólares y subí un solo TikTok mostrando cómo la usaba, con mis pestañas caóticas y todo. Ningún vídeo viral, pero las ventas iban llegando poco a poco. Luego alguien pidió una versión para estudiantes, así que la hice. Otra para creadores de contenido. Otra para control de presupuesto.

Bajo esfuerzo, mucha reutilización

Lo mejor es que se pueden duplicar. Montas un sistema una vez y luego lo adaptas para distintos públicos: freelancers, parejas, personas con TDAH, padres primerizos. Cada plantilla me llevaba apenas una tarde, porque los bloques básicos ya estaban hechos. Mantenía las descripciones honestas y normales, nada de rollo gurú.

Para primavera de 2025, ingresaba entre 1.000 y 1.400 dólares al mes, y algún mes ni recordaba que existía hasta que sonaba la notificación del pago. Lo más difícil fue resistir la tentación de convertir esto en “el imperio Notion”. Mantenerlo pequeño y humano era lo que lo hacía sostenible.

5. Trabajo de administración “nada sexy” como freelance

Hay un filón silencioso en hacer tareas aburridas que otros no soportan. Yo caí en ello cuando un amigo autónomo me rogó que le ayudara a organizar el correo antes de un lanzamiento. Organizé carpetas por colores, archivé hilos, puse filtros y creé un pequeño guion de “responde en 2 minutos o menos” para sus preguntas habituales. Me pagó 80 libras y enseguida se lo recomendó a dos más.

A partir de ahí me “vendí” (muy entre comillas) como “asistente remoto ligero”. Nada de packs de VA, nada de horas garantizadas, solo un menú de esas tareas puntuales y pesadas: limpiar bandejas de entrada, hojas de cálculo de clientes, investigación básica, subir posts a WordPress, ordenar Google Drive. Encontré clientes en grupos de Facebook, respuestas en Twitter y conocidos.

Por qué no parece una tortura

El truco era limitar el tiempo. Solo cogía trabajos de 5-10 horas y rechazaba encargos continuos que matan el “poco esfuerzo” muy rápido. La admin va bien con un podcast o la radio de fondo; entras en la rutina de clicar y ordenar que casi relaja.

Los meses más activos, hacía dos o tres clientes y rondaba los 1.200-1.500 dólares. Los flojos, me quedaba en 800, pero de media superaba la barrera de los 1.000 al año. Hay algo muy satisfactorio en ordenar el caos ajeno, cerrar el portátil y saber que ya no es tu problema.

6. Vender guías digitales tipo “cómo lo hice yo”

Esta surgió casi de rebote, a raíz de los otros ingresos extra. La gente me preguntaba mucho: “¿Cómo consigues clientes para cuidar mascotas?”, “¿Qué buscas en las tiendas benéficas para revender?”. Me cansé de contestar siempre lo mismo, así que abrí Google Docs y solté todo lo que sabía, como para un único amigo curioso.

Lo edité una vez, lo exporté en PDF, le puse un nombre que no sonara a timo y lo subí a Gumroad por 12 dólares. Vendí nueve la primera semana. No es viral, pero esas nueve personas dejaban preguntas mejores, así que me inspiraron a ampliar la versión dos.

Ser específico, no “experto”

La clave era no salirme del tema. No era un curso para hacerte rico, solo contaba “literalmente esto es lo que hago, paso a paso, con capturas y honestidad incómoda”. Puse números reales, errores, frases que decía a los clientes, hasta mensajes tipo. Es más como dejarte mi cuaderno de notas que dar una clase.

Con tres o cuatro guías así -reventa, mascotas, alquiler, plantillas- el “catálogo antiguo” hace el trabajo. Medio 2025, sacaban entre 1.000 y 1.300 dólares mensuales. El trabajo ahora es contestar algún email suelto y actualizar alguna sección si cambia algo. Es curioso ganar dinero con la versión imperfecta de tu vida, no la de postal.

7. Contenido “easy”: reels de trastienda

Intenté “ser creador” y fracasé miserablemente. Los vídeos guionizados de YouTube me drenaban. Pero me di cuenta de que el reel improvisado de Instagram donde salía empaquetando pedidos en chándal, con pelos de loca y hablando raro sobre una taza, tenía muchos más comentarios y guardados que los vídeos perfectos.

Cambié las reglas: nada de jornadas de grabación, ni guardar tomas, ni presión. Solo vídeos cortos (10-20 segundos) mientras hacía cualquiera de los extras: escaneando códigos en una tienda benéfica, volviendo con una tienda de campaña alquilada, redactando un encargo de administración. Puse subtítulos rápidos, un poco de música, subía el vídeo y me olvidaba.

De dónde viene el dinero

Al principio solo era un chute de ego. Luego los datos cambiaron. Dueños de mascotas me decían, “te encontré en Instagram”. Los de las plantillas de Notion venían de TikTok. Las plataformas me invitaron a sus fondos de creadores, y algunos enlaces de afiliados (que realmente uso) empezaron a generar comisiones.

Para finales de 2025, ese contenido caótico pero real sumaba indirectamente entre 1.000 y 1.800 dólares al mes entre fondos de creadores, afiliados y clientes para mis productos y servicios digitales. Aún no parece “una marca”. Es más bien arrastrar a unos cuantos desconocidos y mostrar el lado feo, no fingir que madrugo la vida escribiendo diarios.

8. Participar en tests de usuarios y paneles de investigación

Esto es lo menos glamuroso y más infravalorado de la lista. No es ingreso pasivo, nada de “ganar mientras duermes”. Se trata de sentarse con el portátil, probar una web o app pensando en voz alta, o contar tus hábitos a investigadores. Pero la tarifa por hora es brillante.

Me registré en varias webs -UserTesting, Respondent, paneles universitarios- y completé el perfil en serio, poniendo mi trabajo, uso de tecnología, ritmo de compra. Cuando un estudio encajaba, me llegaba email. Quince minutos evaluando una app bancaria: 15 dólares. Una charla de 45 minutos por Zoom sobre hustles: 60 dólares. Un diario semanal de compras: 120 dólares.

Picoteo, opiniones, pasta

Lo trataba como una tarea de fondo. TV de fondo, té en la mano, pinchaba en el test rápido entre emails. Algunos meses salían un montón de estudios, otros apenas nada, pero en 2025 la media fue de algo más de 1.000 dólares al mes. Sin marca, sin clientes, sin presión de crecer. Solo ser alguien algo opinativo.

Hay algo íntimo en dar feedback mientras un desconocido asiente y toma notas, como una terapia para tus manías con menús malos. Me recordaba que mi perspectiva -la tuya- tiene valor económico más allá de tu trabajo físico. Esa idea hizo que todos los demás ingresos extra parecieran menos una lucha y más un intercambio honesto con el mundo.

El denominador común de todos ellos

Visto ahora, ninguno de estos extras me convirtió en el típico con Lamborghini y aro de luz. No hacen falta alarmas a las 5 ni frases de autoayuda. Salieron de fijarme en lo que ya hacía o ya tenía, pensar “¿y si esto se paga solo?” y empujar la realidad un poco.

La verdad es que aún tengo meses de apuros, facturas inesperadas que caen como una losa en el email. Pero ahora, en vez de pánico, tengo una lista mental de palancas que puedo activar sin arruinarme la semana. Esa sensación de estabilidad -no depender solo de un único ingreso y una oración- vale mucho más que el clickbait del “ingreso pasivo”.

Quizá no copies ninguna de estas ideas tal cual. Quizá mires tu vida y veas otra cosa: una habilidad, un hábito, un aparato, un tipo de persona que entiendes mejor que la mayoría. Ahí suele estar el dinero fácil y honesto, esperando a que alguien normal lo vea.

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